1.5.14

LA CITA

Se ubicaron por Internet y después de un tiempo él le pidió que se encontraran para conocerse mejor.


El día indicado ella se instala en el Tavelli a esperar. Su mente parece atascada y no es capaz de pensar claramente. La tensión le quema el esófago. Desfallece. Siente las miradas de la gente pegoteadas a su espalda.


“¿Qué estoy haciendo” se pregunta. “Tal vez es demasiado tarde para mí”.


El reloj dispara las cinco en punto. El ahogo aprieta y sabe que es hora de escapar. Se levanta apurada y entra a una zapatería ubicada a la salida del pasaje. Pide varios modelos. Mientras espera, observa a través de la vitrina y justo cuando el dependiente llega con algunas cajas, divisa una figura alta y fornida que se acerca a paso firme al café. Lleva la parka acolchada azul y los jeans pitillo que él había prometido. Su mochila roja ha sido colocada sobre la mesa a modo de señal.


-Señora, ¿desea probarse alguno de estos? –Se da vuelta y mira al dependiente como sonámbula. Demora en reaccionar.-Sí, por favor, déjelos en el piso, me los probaré con calma.


Desesperada mira de nuevo por la vitrina. Él se mantiene sentado observando tranquilamente a las jóvenes que llegan. Nada parece inquietarlo.


Con dificultad ella se sumerge en las cajas y revuelve el papel de seda. Elige un par de zapatos y se los prueba. Luego levanta el rostro hacia el espejo y sus ojos le devuelven el rostro esperanzado de una anciana, la piel triste, el pelo rojo que no va bien con su edad. Toma conciencia del cuello fláccido y pecoso.



Se pone de pie y se acerca a la cajera. Escribe un cheque con mano temblorosa y recibe su caja encintada. Cruza el umbral sin mirar atrás.

10.3.14

LA SERENA, 1954: GABRIELA MISTRAL

   Los viajes desde Las Rojas hasta el internado en La Serena recorren solo 25 kilómetros pero, en 1954, por camino de tierra, y con el corazón apretado, se hacen eternos. El fundo que mi papá administra para el todopoderoso don Gabriel Coll, se llama “Cutún”, donde vivo mis primeros años, mezcla de soledades y sueños rimados.


El colegio Sagrados Corazones de calle Vicuña es una inexpugnable fortaleza. En su interior, un gran parrón, palmeras, chirimoyos, papayos y muchas flores. Allí permanezco interna durante la semana, a merced de monjas rigurosas y severas para hacer cumplir las normas: --¡Come con la mano derecha, endereza la espalda, codos fuera de la mesa!


Cuando anochece entra el viento que sacude la palmera y las niñas, terminados los deberes, nos arremolinamos a recoger los frutos caídos sobre el cemento de la cancha. Yo consigo tres y mis ojos ruedan en busca de una piedra para partirlos. Estos coquitos me los comeré en la cama. Y guardo mis tesoros en el bolsillo del delantal mientras avanzo escuchando el sonido de mis zapatos contra el suelo. Más allá, el jardín prohibido que sólo puede contemplarse desde lejos. Detengo la mirada en los follajes que se mecen borroneando el cielo apenas coloreado a esa hora. Negras siluetas parecen escabullirse entre las ramas que bordean los senderos apretados de flores. Deben ser las monjas muertas que están enterradas ahí y que salen a mirar el patio porque se latean todo el tiempo encerradas en sus tumbas. Este pensamiento queda suspendido en mi cabeza. No me asusto por unas cuantas monjas fantasmas porque no hacen nada. Y mantengo los ojos fijos en aquel jardín, como desafiándolo, pero ya sólo se distingue un espacio negro y silencioso.


En la cama, mientras mordisqueo los coquitos, oigo la respiración de mis compañeras entregadas al sueño y por fin me siento libre. Una estrella se estremece allá a lo lejos y regresa la princesa que la quiso ir a coger. Rubén Darío y otras cosas dijo la profesora, pero a mí lo que me importa es aquella niña volando por los aires hasta el cielo azul y el rey, su padre, que la va a buscar. Cuando mi papá me viene a buscar… --Mira el huasito estupendo, ¿a quién buscará? ­--Los cuchicheos desde lo alto de la escalera me anuncian la presencia de ese hombre moreno con el sombrero alón sobre los verdes ojos impacientes. Así son siempre los viernes, el ritual establecido del beso y el silencio, y el viaje solo interrumpido por la breve detención para comprarme El Peneca, el Okey y el Simbad y para mamá la Confidencias, la Eva y el Ecran. Otras veces damos la vuelta a la Plaza de Armas y vemos a las hermanas del ex presidente González Videla, en su pequeña cordonería “Las hormiguitas”, asomadas observando a los paseantes. Mi papá me compra un helado y luego emprendemos viaje al campo.


Nos han dicho que hoy será un gran día. Ella viene a visitarnos, a ésta, su tierra de origen, después de tantos años fuera. Habrá que levantarse más temprano porque la misa se adelantará una hora. Después del desayuno podremos limpiar los uniformes, lustrar zapatos, coser botones, planchar el cuello marinero. Todo debe ser perfecto para que se vaya con la mejor impresión de sus niños nortinos que tanto quiere.


La mañana espolvorea su pálida ceniza sobre las coronas del inca y se mete en los espejos: ojos soñolientos observan mi rostro redondo mientras las manos diligentes de la madre Cecilia se complican en las trenzas apretadas y lustrosas. La cinta blanca en los extremos y el nudo rosa completan la tarea. Hoy será entretenido porque no tendremos clases y saldremos a la calle donde podremos mirar las vitrinas y la gente.


A las diez en punto una larga fila de pies menudos sale del internado y se pierde calle abajo. El sol decide abrirse paso tiñendo de amarillo las torres de las innumerables iglesias. Las banderas de septiembre flamean de lado a lado en las aceras contra un cielo movedizo de bruma y azul. Cientos de voces expectantes inundan las avenidas, todas avanzando hacia un mismo lugar.


Las hileras azules convergen hacia la explanada desde las cuatro bocacalles y los niños se van amontonando frente a los cordones dispuestos ante el escenario. Las flores aroman el aire y las campanas no cesan de tocar.





Mientras los otros conversan, observo los movimientos de las autoridades, con sus trajes endomingados, que se preparan nerviosamente para la llegada de la importante visita. La espera se me alarga en los zapatos y ya quisiera regresar porque la mañana se ha vuelto tediosa.


Casi al mediodía un enorme automóvil se acerca al recinto, mientras un murmullo ansioso recorre la multitud. El auto se detiene y de él desciende una mujer delgada y muy alta, de cabellos blancos y abrigo negro. Sonríe. Es saludada por la comitiva y la madre Cecilia da la orden de comenzar a cantar. Las manos se alzan agitando banderitas tricolores.


Yo no me la imaginaba así. No se parece a la foto que hay en mi libro de lectura. Se ve más vieja aunque no tan triste, al menos cuando sonríe. Está hablando pero no alcanzo a entender qué es lo que dice. Me basta mirarla. Ahora ha dejado de hablar y algunos niños le llevan flores y ella los besa. A mí no me tocó llevarle flores. Solo alcanzo a divisar sus delgados tobillos a la altura de mis ojos.


Inesperadamente la anciana se aleja del estrado y se dirige hacia los cordones que la separan de los niños. Alarga sus brazos y cientos de pequeñas manos tratan de tocarla. Alarga sus ojos y se detiene en una niña de la última fila. La sonrisa de la maestra me inunda haciéndome enrojecer. Y crezco y crezco y me dan ganas de salir volando. De pronto ha desaparecido el cansancio y la mañana se vuelve perfecta.



27.2.14

TALLER LITERARIO Y EDITORIAL “LA TRASTIENDA” INFORMA:


Están abiertas las inscripciones para los Talleres de 
Poesía y Cuento 
impartidos por la escritora Alejandra Basualto, 
que se realizarán en
Echeñique 5903-A, La Reina.

Valor: $ 45.000.- mensuales.
Informaciones e inscripciones en los teléfonos:
27160831 y 9-3311640 


Se realizarán en los siguientes horarios:
Poesía:  martes de 19:30 a 21:30
Cuento: jueves: 19:30 a 21:30

Las clases comienzan el martes 11 de marzo de 2014

27.1.14

VALLE DE LA LUNA



Hemos dejado absortos relojes

y empujamos el gesto hacia la sal.

El sol ahueca pisadas sobre un lecho de pájaros

inmóviles.

Las manos yermas deslizan sombras

divididas sobre la piedra.




Avanzamos sobre un fuego

que nos absuelve

sin levantar los ojos.

El silencio asciende como una vela

y dejamos de ser

y navegamos.




SAN PEDRO DE ATACAMA
In memoriam P. Gustavo LePaige



Sólo que para entrar al mediodía

con el sol renegando

y la muerte por ahí que destila oquedad,

hay que sentirlo, dicen.

Porque ya no están los ojos

y sí la negra masa de los siglos sobre la frente.

Aquello se mueve detrás de las tablas de madera de cactus

atisbando por los agujeros

o debajo de la cama que guardaba sus últimos secretos.

Y afuera un día terso sobre la arena ciega.





Pero entrar de noche no se puede:

ya las sombras recuperan colores

y las pequeñas momias tuercen la cabeza.





Entonces la noche sonámbula proscribe todas las lámparas.

Los sobrevivientes elevan plegarias en cuartos pintados de azul

y una hilera de pimientos tiembla



junto a muros calcinados.

31.8.13

ELLA DUERME




Ella duerme con su corazón en la punta de los dedos
cuando la noche resplandece en el jardín:
la savia late en la madeja de los tallos
y más allá del verde la luna golpea.
Ella ha cerrado todas las puertas, y en la penumbra
se queda sola con sus sueños sin sueño.
Su corazón se escurre como un pájaro
con un temblor de sábanas, y cae entre la hierba.
Ella duerme, su mano tendida al aire,

y en el jardín silenciosamente la luna se ha ido.

3.6.13

ZURDA

En el comedor los ojos de la monja  son cuchillos sobre mi mano izquierda. Viene amenazante pero la cuchara sigue firme en mi mejor mano.
-Niña, ¡Te he dicho que es mala educación comer con la izquierda! Y los puntitos bajo sus cejas gotean piedras sobre el plato que se enfría.
-¡Toma la cuchara con la derecha y come!

Obedezco, pero la cuchara se vuelve difícil y los garbanzos manchan mi pechera antes de llegar a la boca. Además, se me cerró la garganta, no puedo tragar y, por último, esta comida es mala y no la quiero.

10.3.13

TALLER LITERARIO Y EDITORIAL “LA TRASTIENDA” INFORMA:


Están abiertas las inscripciones para los Talleres de 
Poesía, Cuento y Autobiografía Creativa,
impartidos por la escritora Alejandra Basualto, que se realizarán en forma trimestral en
Echeñique 5903-A, La Reina.

Valor: $ 45.000.- mensuales.
Informaciones e inscripciones en los teléfonos:
27160831 y 9-3311640 


Se realizarán en los siguientes horarios:
Poesía:  martes de 19:30 a 21:30
Autobiografía Creativa:  miércoles 19:30 a 21:30
Cuento: jueves: 19:30 a 21:30

Las clases comienzan el martes 10 de marzo de 2014

25.11.12

Comentario por Antonio Rojas Gómez, Revista Occidente N° 420, julio 2012:




“INVISIBLE, VIENDO CAER LA NIEVE”
Alejandra Basualto, novela
Editorial La Trastienda, 194 páginas.

Alejandra Basualto tiene un lugar ganado en la literatura actual como poeta y cuentista. Este título es su primera incursión en la novela. Su tema es recurrente: el quiebre institucional, la pérdida de la democracia, los horrores de la dictadura. Basualto lo enfoca desde la óptica de distintos personajes, unidos por lazos de parentesco, de amistad y de amor no realizado.
La obra se estructura como un relato cuyo narrador va dando cuenta sumaria de los hechos que afectan a los personajes. Este narrador mantiene una mirada objetiva. Sin embargo, su voz se entrelaza con la de los propios personajes, a quienes la autora cede la palabra en determinados momentos en los que va dando cuenta de sus sentimientos. Es aquí donde aparece la vena poética de Alejandra Basualto, con cierto lirismo de buena ley y un correcto manejo del idioma. La escritura es ajustada y sobria, lo que facilita la lectura.
Los personajes básicos son dos mujeres, Regina y Ángela, y dos hombres, Max y Antonio. Regina está casada con el hermano de Ángela, pero está enamorada de Antonio desde la adolescencia. Ángela también está casada, pero se enamora de Max. Y éste, a su vez, está enamorado de Antonio, porque es homosexual. Pero Antonio no lo es, al contrario, tiene algunos arrestos de Casanova.
Cuando acontece el golpe de estado, Antonio y Max se exilian en Canadá y Ángela y Regina permanecen en Chile, en lo que llaman el exilio interno. Los dos hombres regresan cuando vuelve la democracia, pero las vidas de todos ya están rotas, perdidas, y el reencuentro resulta doloroso y avanza paulatinamente a un final desolador.
Alejandra Basualto tiene oficio literario y esta primera incursión en el género novelesco lo demuestra con un resultado satisfactorio.